Hay veces que no paro de preguntarme si realmente me vale la pena llevar las riendas de mi vida.
A lo largo de horas y días, pasear por mi cabeza conlleva enfrentarse con idas y venidas de emociones que acaban cayendo en saco roto. Monólogos internos muy interesantes, en los que, junto con mi querido alter ego, me dedico a poner en su sitio, a base notas mentales, a ciertos individuos/as. Conjuntos de palabras que se atropellan entre si, en un intento de dar explicaciones a quien no debo. Pensamientos sueltos que deambulan de un lado a otro, rebotando contra las paredes de mi cerebro, (que por cierto los ignora con preocupante facilidad), y se dedica a jugar al pinball con ellos.
Aunque también cabe añadir que, a parte de un par de neuronas de neón mal iluminadas, en mi cerebro también hay sitio para el amor, el odio, la compasión, los imposibles, los pensamientos irracionales, y todo tipo de ideas apalancadas en el cajón de los recuerdos, esperando impacientes volver a ser tangibles.
Porque a veces, después de vivir algo intensamente, ¿no os ha ocurrido nunca que viene un período de pasotismo indoloro?
Esto nos podría llevar a preguntarnos si, realmente, ¿nos sale caro llevar las riendas de nuestra vida?
¿Qué pensáis vosotros?
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Cuanta razón cariño ( L )
ResponderEliminarOh, acabo de encontrar un pedacito de mi alma entre estas líneas.
ResponderEliminarNeuronas de neón, acabo de enamorarme de esa frase, quizás sea amor a primera vista.
Me pasaré más veces por aqui :3
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